Por César Augusto Sosa
De tanto escuchar a los candidatos que Ecuador necesita un cambio profundo, la primera imagen que se viene a la mente es de un país que se cae a pedazos, que las empresas están al filo de los números rojos y que la gente no compra porque no tiene dinero. Pero las últimas cifras económicas muestran que las exportaciones no petroleras crecen al 10 por ciento, la industria manufacturera a un nueve por ciento, la intermediación financiera al 17, el comercio al 4,9… A excepción de la agricultura y la construcción, todos los sectores económicos han crecido sobre el cuatro por ciento hasta el primer semestre de este año. La economía en su conjunto ha crecido 4,9 por ciento, cifra que se asemeja a lo ocurrido en los últimos años. El ingreso de las familias de más bajos ingresos ha pasado de 70 dólares al mes a 485 en el presente año.¿De qué país están hablando los candidatos?
Al comparar las cifras y los discursos se desprende que alguien está equivocado, o por lo menos manipula las cifras para que el discurso de fatalidad penetre en la ciudadanía y se justifique un cambio radical. Los discursos se enfocan en indicadores como la pobreza, el desempleo, el subempleo o la migración. Buena parte de ellos no han cambiado desde que empezó a regir la dolarización en Ecuador, en enero del 2000. Pero la reducción de la pobreza es un proceso que toma años, y ya empiezan a registrarse resultados en las áreas urbanas, según el Banco Mundial.
El problema de fondo sigue siendo el empleo, pues pese a la emigración no se reducen las tasas de desempleo, que se ubican en un 10 por ciento. El subempleo sigue elevado y ha crecido en los últimos años. Las empresas formales no han sido capaces de generar fuentes de empleo suficientes para absorber la mano de obra.
Las salidas para crear empleo, sin embargo, no están en cerrarse a la apertura comercial, como lo plantea el candidato Rafael Correa, que hoy es el más opcionado para pasar a la segunda vuelta en las elecciones de este domingo.
De ser un opositor a la dolarización, Correa moderó su discurso y ahora dice que la mantendrá. Pero sigue enviando señales confusas sobre una posible moratoria de la deuda o una nacionalización del petróleo. Pero a la vez llama a la inversión extranjera. Dice que definitivamente no firmará ningún Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, pero habla de consolidar los mercados existentes, donde Estados Unidos es el principal comprador del país. Los países vecinos, como Perú y Colombia ya cerraron el TLC con EE.UU. y Ecuador está en el medio, sin mayores opciones para seguir vendiendo sus flores, brócolis, textiles, atún, etc.
Las propuestas radicales parecen captar votos, pero el costo de esas posiciones pueden desacelerar la economía desde el 2007.
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