

Diario del viaje a Japón de Eva Roy, escritora especializada en cine adulto y porno, y siete amigos.


Podría relataros templo a templo, pagoda a pagoda y santuario a santuario todo lo que hemos visto hoy en Nikko… Llevamos en danza desde las siete de la mañana, así que entre unas y otras cosas, llenaría páginas de adjetivos como “impresionante”, “majestuoso”, “con clara influencia de China en la arquitectura”… Creed que ha sido maravillosos y que pese a que ha hecho un frío de la leche, creo que ha valido la pena pasar tanto tiempo en los trenes.
La tarde ha sido para ir a un Onsen (un baño típico japonés, como lo son los Sento, sólo que más cool, algo comparable a la diferencia entre el Parque Sindical y una piscina privada).
Llevo leídos varios de vuestros posts sobre la curiosidad que tenéis acerca de las mujeres y los hombres en Japón. De lo visto hasta ahora he de decir que en una escala de 0 a 10 de belleza y sexappeal, las chicas japonesas están entre el 7 y el 9. Son delicadas, exóticas, fashionistas y elegantes, dentro cada una de su estilo. Se lleva mucho el cabello largo, con la última capa de la melena larguísima, con tonos caoba y alguna onda suavemente marcada, con flequillo al lado. Suelen caminar sobre taconazos desde las seis de la mañana, con lo que, en según sobre qué suelo anden, parecen borrachas o que no saben mantener el equilibrio (ya os digo: con esa altura no me extraña). Son delgaditas, casi no hemos visto a nadie gordo (los luchadores de sumo, que comienzan la temporada justo cuando nosotros nos marchamos, el 1 de septiembre, no cuentan). Luego está el tema de las piernas… algo patizamba sí que es el 75% de ellas, porque se les meten las rodillas hacia adentro… pero es obvio que este tema se está superando de una generación a otra. La altura ha ascendido considerablemente. Hoy en Nikko al ir a hacernos una foto en una de las puertas del santuario de Futarasan, nos hemos dado cuenta de que muralla era muy pequeña, lo que denota un considerable desarrollo en la raza.
Voy a contar exactamente lo que yo he visto hace unas horas por mí misma en el Onsen, sin pretender la aprobación de gays integristas que se llamen “Purimari”, ni de feministas que se llamen como quieran. Hoy voy, respecto de estos prototipos de “jódetequeyodisfrutomis15minutos”…, sin censura y sin ponerle "lazos" a nada, porque sé seguro que lo que os cuente no se aplica a las tokiotas fantásticas que me cruzo cada día, con extensiones, uñas postizas, pelos de última tendencia y mucha experiencia visionando porno…
Para mí visitar un onsen era como ver a una geisha o comprarme un tebeo manga, caminar entre las cos-play-zoku y encontrar un kimono auténtico: algo que tenía en la lista de must…
Superada la bajada de tensión que provoca la temperatura natural del agua, que mana a más de 40ºC de entre unas rocas de color negro (probablemente pizarra), te quedas como una seda. He preferido contar primero el efecto del tratamiento de balnetoterapia, para recrear luego lo que se te pasa por la cabeza mientras lo realizas. Yo me he dedicado a la observación casi rayana en el análisis socio-demográfico. Si digo la verdad, hoy me han echado del onsen.
Me he hecho la loca ante los carteles que había en inglés y japonés acerca de que no se puede entrar con ropa interior…. Yo he hecho como que no me daba cuenta de que la única en bikini era yo, y que no veía al resto de mujeres en bolas. Alguna zorra se ha ido a chivar y la recepcionista se ha metido vestida y todo hasta la parte de las rocas de agua ardiendo y me ha dicho en un inglés de Nikko profundo que allí era “rude” (=de mala educación” o “grosero”) llevar “underwear” (=ropa interior). Le he dicho que eso, “dear”, era un bikini y que qué pensaba hacerme, detenerme quizá… Pero no sólo no se ha pirado sino que me mantenía acribillada por sus ojos inmisericordes hasta que la he obedecido, me he salido del agua y he ido hasta mi taquilla a quitarme el dos piezas, con más vergüenza por la bronca que por el desnudo obligado. Lo que de veras me alarmaba era cómo esconderme el hilo del Tampax (sí, ya sabéis, yo pensaba en lo gilipollas que son los guionistas de los anuncios de compresas, que escriben lo felices que deben ser Ellos cuando tienen la regla (que jamás tendrán), y les “encanta ser mujer” esos días precisamente… Pero las tías de verdad, pasamos por este tipo de situaciones. No hacía más que acordarme en el chiste que rula por Internet de las chicas esas explosivas, con prendas carísimas todas con su etiqueta del precio puesta y a las que se les ve el puto cordoncito del tampón… y se concluye con que hay cosas, como que no se te vea el cordón del Tampax que no tienen precio…
Además del tema de la no-depilación y de que hay que meterse desnuda del todo, la visita al onsen me ha dado la oportunidad de saber que los hay mixtos, como al que he ido yo, pero en estos casos, las salas de hombres y mujeres están separadas. Tras la sauna, ya no tenía claro si era por tanto vello que estaba mareada o por el calor, pero me he dedicado a intercalar la piscina interior de granito con burbujas y agua también caliente, con duchas frías en mis partes más azotadas por la celulitis (o sea, de cuello para abajo). Este tema en las mujeres japonesas, por el contrario a las europeas y latinas en general —de las americanas hablaría en un monográfico—, no reviste gravedad: no muestran tendencia a generar celulitis y tienen unos tejidos muy lisos, sin piel de naranja y casi sin vello (la excepción y dónde queda localizada ya la he explicado). Otro rasgo de las japonesas es que casi ninguna tiene culo… En efecto, son muy delgadas y sus muslos, casi siempre algo deformes, acaban siempre en… en muslo. Repito: no tienen culo, de espaldas parecen señores, pero de los que no han pisado un gimnasio en su vida. Si el spa estuviera en Miami o en el propio Madrid no diría que las mujeres tienen poco pecho en general ya que supongo que habría visto a más de un 70% con sus prótesis flotando en las aguas. Aquí lo de la silicona no se ha impuesto (no quiero decir que en estos días no me haya cruzado con alguna operada de tetas en Tokio y en Kyoto).
Otras cuestiones: en el onsen la idea es hacerse una limpieza mezclada con toilette entera: se sientan en unas sillitas de plástico, unos taburetitos alineados frente a una pared con duchas y repisas, y allí agachaditas, lo mismo se depilan con cuchilla todo el cuerpo que se lavan el pelo o que se enjabonan una y mil veces como para sacarse algo malo de dentro. Me he visto a mí misma en uno de los escenarios de una peli coreana que me fascinó (y cuyo título no consigo recordar ahora) que iba de dos niñas, dos amigas, que se quieren ir del país; están enamoradas y deciden que la más guapa se prostituiría y que la otra la ayudaría en todo… hasta que la guapa muere. Ambas protagonizan una preciosa escena de ternura en una sala de baño igual que ésta: con cuidado enjabonaba la una a la otra y la aclaraba con suavidad, tras haber dedicado su cuerpo a una viejo baboso…
Termino diciendo que la ley de la gravedad es grave en sí misma, y mucho. Esta hora en la que me he dedicado a la hidroterapia a supuesto un tête a tête con la decrepitud. Es dantesco contemplar los efectos de los embarazos y partos, del paso del tiempo, la acumulación de kilos y la formación de nódulos de grasa, la flacidez de los tejidos, su descolgamiento, la caída de los pechos… y dentro de todo, la nipona no es de las razas más castigadas ni más desafortunadas, y su desnudo no es tan dramático como muchos que se ven por Benidorm…
Álex y Paúl, tras su estancia en el onsen, me confirman lo ya comentado acerca el tamaño del pene en los japoneses, claro que el hídrico elemento no ayuda mucho… Decía Álex que la confianza había avanzado tanto que había acabado desnudo con Paúl en la misma bañera… pero que la confianza da asco en cualquier caso, pese a que el único chulazo del onsen fuera precisamente Paúl. Concluye que Dios fue bien tacaño repartiendo belleza entre los hombres japoneses. Y yo debo darle la razón. Si las mujeres son bastante potentes, los tíos no valen un duro. En esa misma escala del 0 al 10, me da que les pongo un 3, sean todo lo modernos que quieran y usen los bolsos XXL que tanto se llevan ahora, porque lo que no les discuto es lo modernos que son algunos.
28/08/06 | Enlace permanente | Comentarios (20) | TrackBack (0)
Hoy he repasado mentalmente lo del ascetismo y los votos de pobreza y castidad que las mojas del la Sagrada Familia tanto lucharon por inculcarnos ...Hemos pasado cerca de 13 horas de compras! Sí; es posible, de hecho, por una vez acabo de llegar con más bolsas en las manos que bajo lo ojos!
Desde por la mañanita bien temprano David, Jesús y Paúl se han tirado de cabeza a los grandes zocos de electrónica, edificios de hasta ocho y diez plantas donde se encuentra desde la última de las afeitadoras de cabeza a cualquier modelo de videocámara, de MP3, o de lo que se te ocurra ...; Se trata del barrio de Akihabara, y callejear por él tiene su encanto.
Como Álex y yo de estos temas futuristas, todo sea dicho con respeto, no sabemos (ni queremos saber mucho), nos hemos desmarcado en busca de manga para adultos, de pelis porno y de sex-shops; Y hay, vaya si hay. Entre los millones de vendedores que salen a las puertas de sus comercios para, a voces, llamar la atención y que la gente se acerque a ver sus artículos y ofertas, hemos dado con Love Merci, una tienda de ocho plantas, creo, con todo un despliegue de juguetitos para adultos, cosmética del placer, lencería y disfraces. Hemos visto, tocado, oído e imaginado lo suficiente como para que se nos pasaran dos horitas a lo tonto. Al final: esposas, argollas para el pene y lubricantes; vaginas, culos y cuerpos de plástico; dildos de mil formas, tamaños y materiales; delantales de porno-chacha y vestiditos de porno-enfermera; braguitas, tangas de látex, medias de rejilla y corsés; fustas, figuritas y aceites de masaje, etc... Lo de siempre, vamos. Eran como de la familia. Me han llamado la atención la colchoneta para inflar con agujero incorporado y algunas miniaturas de muñeca de cómic.
He tenido que comprar algunas joyas porque de pronto sentía que las necesitaba, como por ejemplo una cajita ideal de pastillas de verdad que pone virgin again (creo que molará ponerlas en el baño de casa y que las visitas flipen un poco); una peluca tremenda; una miniatura de muñeca que se cuelga del móvil y que es una niñita en kimono amarrada ferozmente con lazadas del bondaje mejor resuelto —a ver cómo se quedan cuando la vean sobre la mesa en alguna reunión—; un montón de juguetitos para mis amigos...; incluidos unos anillos para el pene de dudoso oro que son para una pareja gay que se va a casar (quiero hacer méritos para ser la madrina de su boda y qué mejor que aparecer con sus alianzas ...).
He estado viendo pelis en la parte de la tienda de audiovisual y manga y, en efecto, se dan bastante caña. Lo más increíble es que al final lo que ya sabía se cumple: la cosa sigue igual, con censura en las vaginas, los penes en erección y en las penetraciones ...; Manda narices que puedas encontrar a una nena que parece de catorce años recibiendo un doble fisting y lo hayas de ver pixelado.
Merece la pena acercarse y pasear alrededor del puente que hay, y donde se colocan los cos-play-zoku, algunos de los cuales sí que están felices de posar ante los turistas. Los grupos que tocan, los apaga fuegos, y el resto de shows urbanos están en los jardines Yoyogi Koen, que empiezan desde un Torii gigantesco de madera. Pocos metros después de cruzarlo, aparece un puente de piedra magnífico y los árboles desprenden un olor especialmente agradable, de flores.
Como leo que mis fotos os parecen muy cutres, estoy por dejar de mandarlas... Sabed que hago lo que puedo, y no es tan sencillo porque no todo el mundo se deja retratar. Es como si tú sales a la calle y te llega un guiri y te pide que poses porque eres un puto cuadro ...
Desde ahí hemos decidido recorrer las zonas más cañeras de mercadillos y gente de Tokio. En Madrid está el Rastro, en París, el Mercado de las Pulgas, en Londres, Portobello o Candem Town...; en Tokio hoy se podía ir a los mercados de Hanazono-jinja que se abre todos los domingos en Shikuro, y el de Togo-jinja en Harajuku. Compaginan el colorido de la estética original con algunas actuaciones de grupos desde el punk más alternativo a hasta más tipo folklore, con la venta de ropa y accesorios, zapas, lencería y otras alguna antigüedad (no es que vendan a sus mayores, sino que igual tienes suerte y pillas alguna figura o kimonos originales como los que nos hemos encontrado hoy).
27/08/06 | Enlace permanente | Comentarios (6) | TrackBack (0)
Hemos madrugado de forma casi vejatoria: a las cinco... para nada, porque el puto tren bala —que a diferencia de nosotros no tiene ojeras, ha salido a su hora— lo hemos visto partir con lágrimas en los ojos. Una hora de espera. Luego, la odisea (os lo cuento porque me parece una azaña y algo que si fuera rica, desde luego, no repetiría en las mismas condiciones, me refiero). De Kyoto en tren bala a Hiroshima. Desde ahí, tren normal a Miyajima, donde hemos ido en ferry hasta la isla.
A bordo he conocido a Emilio, uno de los chicos que integraba un grupo de diseñadores y creativos participantes de la 11ª edición del Festival Internacional de Animación de Hiroshima 2006. Emilio participa con su película cortometraje. Una vez en tierra, anduvimos para visitar un templo y varias tiendas de artesanía local (zuecos, chanclas, cacharros de madera, cerámica...), así como una pagoda de cinco pisos, frente a otro templo inmenso lleno de pinturas y cuadros, cosa rara, ya que suelen estar vacíos... Esta pagoda es la segunda más alta de Japón (creo, o presuntamente o como queráis, clemencia por favor, que no pretendo mentir a nadie pero no me acompaña ningún perito...).
En un minibús que recorre las montañas cubiertas de un bosque, que en sí mismo es un tesoro y que esconde templos y santuarios, subimos hasta la base del primero de los teleféricos, en dos tramos ascendentes y luego hemos deshecho lo andado/volado.
La isla entera está llena de ciervos. Resulta maravilloso que se te acerquen tranquilamente a pedir comida, se dejen acariciar y se tumben junto a las personas sin miedo ninguno... Se suponía un viaje sin parafilias, pero hoy la zoofilia se mascaba en el ambiente. En teoría la zona de la alta montaña, donde nos dejaba el segundo teleférico estaba plagada de monos que, en teoría también, choriceaban las gafas de sol o los bolsos (o sea, como en la Gran Vía). Pero no hemos visto ni uno.
Un detalle: se nos ha olvidado una gorra en la cabina y al terminar, Jesús la ha recuperado... No se la han robado. En Japón la gente es guay, en serio. No he estado así de tranquila, de segura en ninguna otra parte del mundo. Los japos nos socorren cuando nos ven despistados (es decir, el 347% del día). Insisto que casi nadie habla inglés pero, por contra, los que sí lo hacen no esperan a que les digamos nada: vienen, se nos acercan y nos ofrecen ayuda.
Desde ahí, a pata again, hemos visitado el santuario: se ponen los pelos de punta de lo hermoso que es y de la paz que transmite.
Regresamos a Kyoto. Hemos tenido la mala suerte de cara hoy: vimos irse el ferry. Por 20 segundos no pudimos montar y, por eso, perdimos el tren, y el tren bala, así que nos dieron literalmente con la puerta del templo en la cara ya en Kyoto, frente a la estación, un lugar en el que se puede desde ver un concierto, a visitar las tiendas de Dolce & Gabbana, Gucci, Fendi, etc. Aparte de coger el metro o el tren, claro.
He comprobado también que en el suelo de ciertos metros se señaliza lo que os contaba de los vagones sólo para mujeres.
Acabo de cenar en Tokio ya, de regreso. Estoy baldada.
27/08/06 | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack (0)
Al fin hemos visto geishas!!! Bueno, verlas, las ve David, que parece tener un detector. Soy una inculta, vuestros comentarios lo acreditan día a día y los míos me delatan: no es posible acercarte a ellas, ni decirles nada, están en Gion, un barrio de Kyoto, pero solo se las ve cuando salen o entran de los privadísimos salones de té, acompañando a clientes... Son bellísimas, criaturas con luz propia sobre plataformas de madera. No sé como logran caminar con esos zancos... Fotografiarlas es una experiencia límite, como ir de caza mayor.
26/08/06 | Enlace permanente | Comentarios (11) | TrackBack (0)
Hoy seré breve. Lo siento, pero estoy en un ciber donde el teclado no es "normal" y debo pasar de las tildes, de los signos de puntuación y de algunas letras typical spanish...
Paúl ha recuperado sus superpoderes y nos ha hecho de guía de nuevo... impecable, e inmisericorde: estando ya con la lengua fuera, porque Kyoto es aun mas caluroso que Tokio, y con la paliza que arrastramos, no ha dejado que paremos ni un minuto.
Soy consciente de mi decepción: no puedo ser una maiko, ni acercarme siquiera a las geishas... Además, he ido con Álex a ver un show de lo peor (él se ha dormido en la butaca, pero no he pasado bochorno: éso se lo dejo a los actores); hemos visto la ceremonia del té (fascinante); una demostración de ikebana (arte floral japonés, de lo más básica); un poco de noh (una danza medieval), arte dramático o teatro del s. XII y también música antigua... Y sin alcohol, ni drogas... vamos que tragarte esto a pelo es mucho pedir... por eso ha tenido que cerrar un poco los ojos... Yo confieso que estoy reventada y que me voy quedando dormida por las esquinas como todos.
He empezado a comprar: ayer mi primera Hello Kitty, caerán mas seguro. Hoy ya a saco: desde calcetines de dedo gordo separado a cósmetica de una marca que es súper famosa aquí y que lleva un logo precioso, verdadero motivo por el que me he gastado una pasta en dos chorradas... y un largo y vergonzoso etcétera.
Tengo que contaros cosas de los WC, de las máquinas vending, de las barandillas del metro. Pero ahora no puedo, tengo que levantarme a las cinco y son ya más de las doce y todavía ando por ahí...
25/08/06 | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
Os doy las gracias a todos por las muchas entradas y los comentarios. ¡Estoy que no me lo creo!
Cuando tengo que coger un avión antes de las doce de la mañana a mí se me revientan los esquemas… ni pego ojo ni descanso. Al revés: el poco rato de que dispongo en la cama me genera tal ansiedad que parezco Carrie, con convulsiones y encendida: con subidotes de calor que de tener otra edad serían muy fácilmente atribuibles a “la meno”, pero ahora… no. Llevo sin dormir unas cuarenta horas y voy a petar... Y mañana –es decir, dentro de otras tres horas- vamos a Kyoto, donde pasaremos una noche y seguiremos a Miyajima al día siguiente, con regreso a Kyoto y ya tarde, a Tokio a dormir. El hecho de tener un vuelo antes del mediodía, o al menos una hora prudencial, unido a que el trayecto ha sido larguito, me causa los mismos síntomas que tenía Al Pacino en “Insomnia”, que no admitía los lapsos de ensoñaciones ni los distinguía de los períodos lúcidos. La escala en París prometía: atracón de duty free, un masaje en la planta de arriba, llena de luz, del aeropuerto de Charles de Gaulle. Pero no pudo ser. Mucho retraso en la salida abortó las expectativas. Luego, una vez a bordo, pasado el shock de comprender que cuando se vuela a Tokio el porcentaje de orientales es del 80%, nada de un débil 20 ni 30% que acostumbramos, hubo un imbécil que iba borracho y al que hubo que acabar sacando del avión, la Policía, más bien, y esto produjo otra demora, de hora y cuarto, por concretar. En realidad, todo esto no importa, pero es que si digo que me voy a Tokio y que tengo la talla 34 me va a odiar mucha más gente… así que lo pongo como “fatal”, en plan Tamara Falcó, y evito envidias. El vuelo se pasó entre ideas peregrinas, algo de charla y dos pastis de Dormidina que me tragué (Álex está en todo) que eran mejor vehículo para volar que el Boeing 777 donde me desplazaba físicamente. Adormilada, pero no frita, y caliente, muy caliente… como si ardiera. Así seguimos sin dormir, después de superar un montón de pruebas: no perdimos ni el vuelo ni la conexión, ni a Álex; no perdieron nuestras maletas; el tren desde Narita hasta el hotel era directo; no tardamos tantísimo; la decoración mola (minimal, a base de tonos chocolate y líneas rectas), eso sí: son lo peor; no me dejan facilidad ninguna para escribir este blog y para más INRI, en los ciber, los teclados están en perfecto japonés, con lo que ando cabreada y ansiosa…
Como soy tan ansiosa, y compulsiva, pues mi idea de ver todo Tokio en un día no ha podido ser. Pero hemos hecho bastante. El hotel se ubica en Ikebukuro, una zona interesante. Hemos ido hasta Shinjuku, zona de compras, de edificios de grandes almacenes con pantallas de vídeo enormes... Nada más llegar, nos habían dado ya casi las dos de la tarde, entre retraso, maletas, check in, etc. Nos hemos encontrado un restaurante pequeñito típico de aquí, con una barra giratoria y desde la que agarras el plato que te apetece y luego te cobran en función del precio de cada tipo de plato y del número de los que hayas acumulado. ¡Vaya homenaje de sushi y sashimi nos hemos pegado! No sé si el pobre Jesús que es más de comer ibéricos y de alimentarse en condiciones (para algo es de Bilbao), estará igual de satisfecho –seguro que ya os he dicho que los hombres mienten todos, y en concreto, a mí casi siempre-. David está apunto de salir del grupo, no es por nada: no hemos discutido (casi), pese al estado de agotamiento y a que si bien ya estábamos advertidos del calor y de la humedad… ¡otra cosa es padecerlos! Es que se le van la olla detrás de cada japonesita que se le cruza, y hay varios millones. Tiene los ojos vueltos y el cuello le gira ya casi casi 340º, pero de aquí a mañana igual da toda la vuelta.
Las mujeres japonesas. Son muy monas en general, de veras, son frágiles, delicadas, con pieles como de porcelana, muy delgaditas y desde que han descubierto el tinte de pelo, esto es otra cosa. Sólo ellas tienen glamour, lo digo desde hace años. Me he excitado de ver a tanta fashion victim, -aunque no le vea la gracia al sacrificio que debe ser llevar tanta ropa de abrigo con la que está cayendo…-, y las he ido coleccionando, en plan poco a poco: una foto a unas vestidas de muñecas, otras de geishas, otras de modernas… Son muy tímidas, muy simpáticas pero no hablan ni una palabra de inglés… Esto lo hago extensivo a casi todo el mundo aquí: nos estamos sintiendo sobrepasados por el sentimiento de barrera idiomática, más allá de la cultural propiamente.
En este barrio hemos subido a tomar algo en uno de las cafeterías del edificio Nomura, en el piso 5º. La escasa bruma ha impedido un momento de perfección, pero da igual. Hemos continuado peinando las calles de Shinjiki buscando la mala fama de este barrio, y el porqué de su “color rojo” en las guías. En efecto, está cuajadito de burdeles y nos ha hecho mucha gracia ver que hay una chica y un chico que han de ser los strippers de moda… están en cada cartel, en cada discoteca y en todas las revistas gratuitas… que hay a miles, por cierto. A estos se les hacía la boca agua constantemente… no ven el momento de adentrarse a un conocimiento más íntimo de la población femenina local. Jesús ha descubierto que hacerles a las chicas una doble reverencia funciona… y está haciendo genuflexiones constantemente, lo juro. Por la falta de sueño, todos andamos irascibles y Paúl, pese a todo es alguien humano, y sí, está un tanto desconocido: se ha bloqueado y no responde a sus superpoderes… menos mal que David también entiende los mapas.
Dejamos atrás los rascacielos y el metro parecía quien nos devolvería a la cama con presteza… pero antes hicimos otra paradita-homenaje de calorías (¡menudos copones de helados, Señor!) en en cibercafé precioso, lleno de guapos y guapas -los camareros eran espectaculares, muy heteros todos; Álex hizo pero que muy bien en venirse bien merendado de Madrid-, y donde comprobé que los caracteres japos no me resultan muy manejables. Luego, bajamos al metro y casi yendo de regreso…me dio un ataque de “para dormir no me vengo yo hasta Tokio”+ “¡joder que es el primer día y son las cinco de la tarde!”… y en vez de a sobar, nos hemos apuntado a un tour nocturno. Hemos visitado partes de la ciudad que de otro modo… jamás de los jamases en tan poco tiempo. Además de otra cena de lujo a base de comida japo en un hotelazo frente al Palacio de exposiciones y congresos, nos han llevado a ...
Hemos atravesado Ginza, con el teatro monumental rebasado a mano derecha –por allí hemos visto los palacios que son las tiendas de Versace, Dior, Issey Miyake, etc. Después hemos ido a Roppongi Hills Tower, una panorámica desde los 250 metros de altura a la que está la torre, donde además de cristales, hay cafetería, zona chillout y un pub que al salir ya de allí, empezaba a animarse. No se me ocurre un sitio más bonito para poner un garito.
24/08/06 | Enlace permanente | Comentarios (19) | TrackBack (0)
Las horas de vuelo dan para mucho: dormir, comer, beber, pasear por el estrecho pasillo hacia ninguna parte, ver pelis a cabezadas... Los pensamientos en las alturas acerca de lo que me espera, entre otras cosas, son peculiares... Marco Polo desembarcó en un lugar donde los templos tenían el techo de oro y los árboles miles de flores… y lo llamó Cipango... a ver qué me encuentro yo ahora… Tengo curiosidad sobre la ricicultura, que no es, aunque suene así, culto a los rizos ni nada que le pueda inspirar a L’Oreal otra gama de productos... Pensando un poco en mi pelo, considero Japón como un entorno capilar hostil, por las altas temperaturas estivales y la elevada humedad, o sea que mejor no me llevo el secador de pelo. ¡Soy sólo una turista, por favor, no puedo luchar contra contra todas mis curvas a la vez!, bastante que me corte con la comida, adicta como soy al sushi… Así que he desistido de antemano a controlar mis rizos, pero le he pedido a Paúl que vayamos un día a la lonja Tsukiji, a eso de las 6 de la madrugada para ponerme ciega de mariscos y pescado crudo recién pescado.
Y en lo que concierne a mi equipaje soy más parecida a Mr. Bean de lo que pensaba… Cada vez que me toca hacer un viaje corto me doy cuenta con horror de que a mí, en lo que respecta al equipaje, me da igual irme dos días que 15… ¡Parezco Mónica Naranjo! Sólo el neceser, con “imprescindibles” como la paleta de 60 tonos de sombras de ojos, me ocupa ya el 50% de cualquier maleta grande. Edu, un amigo mío, siempre dice: “Mujer prevenida pesa por dos” -no sé si lo sabe porque él a veces curra de drag queen y su maleta va que revienta, o por las voces que dice escuchar dentro de su cabeza, lo que explicaría que se lleve ropa para 3 ó 4 personas-. Pero lo que afirma, lo de que pesa por dos, es una verdad aeroportuaria sin vuelta de hoja. Cuando me pongo a hacer la maleta, pienso angustiada que querría ser vidente. ¿No os da rabia no saber lo que os apetecerá poneros una vez allí, o el tiempo que hará, o peor: dejar en casa algo y luego vérselo puesto a alguien y morir de la envidia? Y acabo acordándome de Edu (sí, el mismo Edu), cuando una vez se fue a Ibiza, para seis días, llevando la criatura ¡¡45 kilos de equipaje!! -jamás confesó cuánta pasta le cobraron por el sobrepeso de su maleta- pero lo peor es que me acuerdo que encima decía angustiado: "Eva, ¡no puedo salir! ¡Es que no tengo nada que ponerme!”. Bueno pues yo, para evitar sentirme así, y como tampoco soy nada salomónica, incapaz de decidirme, echo de todo: mis cosas favoritas y las que denomino “mis apuestas” (prendas tipo aquella minifalda chulísima, que no he estrenado siquiera -sin pararme a pensar que de viaje, mucho menos…-). Y es que esa es otra: siempre queremos darle a ciertas prendas "una oportunidad" precisamente cuando menos probable es que te las quieras poner... -es igual de absurdo que irte a Tailandia o a Cuba para tratar de arreglar tu pareja-. A veces he llegado a pensar que me hace el equipaje el enemigo... De verdad: ¿cómo puede ser que yo haya llegado una vez a Nueva York, en pleno febrero, a -7 ºC, para un viaje turisti-turisti, con un sólo pantalón largo, sin una triste bufanda y con 6 vestidos de noche y con 4 pares de sandalias de tiras en mi maletón? Cualquiera, menos yo, se da cuenta de que ni Penélope Cruz lleva tanto vestuario de gala... Tiene gracia, pero no es ningún chiste, soy yo… Sí, soy una experta en no tomarme en serio a mí misma, y ése es mi gran error (uno de ellos, quiero decir). El día que consiga dejar de reírme de mí, igual logro que los demás me tomen en serio. Como hace calor de verano y humedad, me vestiría sólo con una toalla, en plan sauna, pero como soy inteligente –tengo una base bien morena, aunque me encuentro mechas muy rubias a veces... pero bueno-, pues me traigo un surtido de tops, vestiditos y leggings, tan socorridos y reducibles a la mínima expresión en la maleta.
Y desde ahora, me voy a llamar Aiko. No es porque se llame así la princesa de Japón, esa nena que sin saberlo está (o más bien ha estado, hasta el actual embarazo de su madre del que será heredero) a punto de transformar la monarquía parlamentaria nipona. Si se aprueba la abolición de la ley sálica, con las consiguientes modificaciones legislativas, ella será en su día reina y coincidirá con un montón de mujeres en las distintas casas reales europeas -ha habido un verdadero aluvión de nacimientos de niñas-. Ya veo a las princesas, incluida Leonor, yéndose de marcha todas juntas… quemando el planeta a golpe de tacón (no sé cómo se llevarán por entonces: ¿de aguja, de plataforma, hidráulicos?) y escotazo… Me muero de la envidia de pensar en las posibilidades de montar fiestones que tendrán, de aquí a quince años… Si cambia el régimen sucesorio, desde luego, no será por una mayor apertura de miras y ecuanimidad o por la consolidación de los derechos de la mujer, sino para evitar que se extinga la estirpe, para variar. ¡Ah! Otro motivo por el que hace mucho elegí adoptar como seudónimo el nombre de Aiko es porque significa “la que ama a los demás”. Si recapacito, creo que ese ha sido el error de base de toda mi existencia: pensar antes en los demás, en vez de en mí misma, y sabed que he comprobado que no se debe hacer. Con frecuencia me identifico con la esencia de La Agrado, el personaje al que da vida Antonia San Juan en la peli de Almodóvar Todo sobre mi madre. Adorable, pero tan equivocada la pobre…
24/08/06 | Enlace permanente | Comentarios (12) | TrackBack (0)
Necesito deciros que odio esta parte. Basta que diga que haré o que sucederá algo, para que ocurra lo contrario… No es sólo que sea supersticiosa, que lo soy, sino que además estoy convencida de que la astrología determina muchas cosas -y por ello doy gracias por que Mercurio no esté en recesivo estos días-; y asumo que a estas alturas sólo tengo fe ciega en dos legisladores que me han demostrado infalibilidad: Mendel -que puede dormir tranquilo viendo todos sus dominantes bien a la luz en mi organismo- y Murphy, a quien le debo haber aprendido a no profetizar y, consiguientemente, a ser tan flexible, por pura superviviencia...
23 de agosto: salida de Madrid. Nos esperan casi 17 horas de vuelo. Salimos de Madrid (Barajas) a eso de las 8 de la madrugada, rumbo a Tokio (Narita), pero como no es directo, se hace escala en París (Charles de Gaulle). La idea general es aprovechar al máximo el tiempo, lo que implicará consensuar hasta el mínimo detalle y forzar la máquina hasta extremos, lo que desencadenará, lo digo ya por experiencia previa, mil broncas y más de un taconazo… y si no sucede, es que la raza humana aún es capaz de sorprenderme.
24 de agosto: Llegada a Tokio. Como es el primer día, aunque no hayamos dormido, nada más llegar, pretendemos reservar todos los asientos que necesitamos para cada una de las visitas que hemos previsto realizar a otras ciudades fuera de Tokio. Es algo que recomiendan, dada la masificación de los trenes-bala en las horas punta. Tras este trámite, que no alcanzo a predecir lo que nos puede costar resolver, pretendemos, aunque no hayamos dormido, una vez lleguemos al hotel, que en tren está a casi dos horas de Narita, contratar un tour de esos de sight-seeing de todo el día, aunque no hayamos dormido, (ya, ya, con un mapa y tal, te puedes desenvolver, pero como productora de tele, sé que cuando uno no tiene tiempo ha de tener dinero: es decir, sólo en descifrar carteles, encontrar el sitio en el mapa, subir y bajar en el metro, perdernos mil veces y encontrarnos mil y una, discutir y reconciliarnos, comer a saber dónde y qué… nos hará perder un tiempo más valioso que el tour en sí… Ahora, aplico la ley de “when in Rome, do what the romans…” y dónde mejor que en Tokio para experimentar lo que sienten los grupos de japoneses guiados como ovejas merinas por el Museo del Prado: a la derecha foto; a la izquierda souvenir; al fondo cuarto de baño; en quince minutos el autobús arranca… ). El objetivo es, aunque no hayamos dormido, conseguir en muy pocas horas una panorámica general -y casta- de la capital nipona, para regresar donde nos guste o acercarnos otro día a las zonas que nos queden pendientes -las menos castas, claro, los distritos rojos de Ikebukuru, Shinjuku y Kabuki-cho especialmente-, y hacer las indispensables compritas...
He encontrado también un tour nocturno que, además de cenar sukiyaki y sake, te lleva a ver un espectáculo de geishas, al teatro Kabuki-za en Ginza (la zona más glamourosa de Tokio), y obviamente, si nos da tiempo, trataremos de hacerlo también, aunque no hayamos dormido.
25 Kyoto, noche allí. Dicen que las geishas y las maiko (=aprendices de geisha, o sea, lo que yo quiero ser) se encuentran en Kyoto… Toca madrugón y un par de horas en tren bala.
26 Miyajima-Kyoto-Tokio.
27 Tokio. Como es domingo, queremos ir a dos mercadillos (el de Manazono-jinja y el Togo-jinja) y a ver a los cos-play-zoku, l@s fashion victims que se dejan fotografiar por los turistas.
28 Nikko.
29 Nara-Kyoto.
30 Monte Fuji.
31 Kamakura-Tokio.
1 de septiembre: Regreso a Madrid vía París.
23/08/06 | Enlace permanente | Comentarios (6) | TrackBack (0)
Allá voy con el reparto: mis partners in crime: mis compañeros de crimen, del viaje, y yo.
He seleccionado fotos en las que ninguno estamos posando, aunque yo llevo un triquini blanco ideal. Nada de sonrisas falsas, ni tripas metidas... Todos en un democrático estado de letargo, sobados, durmiendo, que dicen que hay quienes no son buenos ni entonces... Ya nos veréis en acción, desnudos en los onsen...
Yo. No me conocéis (casi ninguno), y tampoco a ellos. Os voy a contar algunos detalles de cada uno, para que a lo largo de este periplo de diez días por Japón disfrutéis de cada uno y sus manías, como intentaré hacer yo misma. Me doy cuenta de que soy una chica con suerte (y de que me lo monto fenomenal, la verdad) porque me acompañan siete tíos, cada uno de un estilo. Morid de la envidia. Realmente mi grupo más cercano lo forman Alejandro/Álex, David, Jesús y Paúl. Antes de explicaros quién es quién, como anfitriona, entiendo que procede que os dé ciertos detalles sobre mí; ahora que me pongo, no sé seleccionar los que más puedan interesaros, la verdad… Algunos me habréis leído, puesto que escribo en distintos medios desde hace muchos años, o incluso visto en alguna de mis (esporádicas y fugaces) apariciones en la tele... Prefiero que estos días en Japón vayáis descubriendo cómo soy… Dicen que el amor (y el odio) nacen del conocimiento…
Álex (el Negrón), que tiene el superpoder de entender a las chicas. En serio, Álex entiende a las mujeres, incluida Malena Gracia, lo cual, no me podéis negar que es digno de mencionarse como uno de sus superpoderes. Pero como todo superhéroe, tiene puntos débiles: es incapaz de resistirse a picar entre horas y a comprar ropa –auténtica siempre, claro, él sólo lleva originales- de las mejores firmas: va cargadito de logos. D&G, Gucci y alguna otra marca deberían pagarle por la publi que les hace; yo creo que fue concebido sobre una valla o en una marquesina... Lleva dos meses preocupado por lo que se va a poner en el vuelo -él sabe que en los aeropuertos siempre hay algún paparazzi-. Con motivo de este viaje, le he amenazado con lanzarle como luchador negro de sumo, hacerle fotos en cuclillas con un tanga horroroso, hecho con una toalla blanca enrollada, y distribuirlas para hacerle popular antes de llegar a Tokio y, una vez allí, ganar dinero con él y sus combates y servicios como prostituta de tarifa plana en hoteles y domicilios). Álex siempre me anima, se comporta como mi fan más incondicional. A veces diría que está convencido de que algún día seré súper famosa…
David, a quien conozco hace ya once años porque va al mismo gimnasio que Paúl, es el prototipo de hombre perfecto. Tiene el cuerpo mejor trabajado que he visto, tremendamente bonito y fuerte, como “Super-man”, pero no se saca partido (siempre le tengo que recordar que va mal tallado). Con un físico así la ropa es totalmente prescindible: si yo tuviera ese body iría desnuda por la calle tocándome a mí misma. Pero no querría dar una imagen parcial de él. David no es sólo un buen par de tetas depiladas con láser carísimo y logradas a base de mancuernas y eterna dieta; es, de veras, uno de los tíos más completitos con que me he topado: lo mismo te habla de conflictos bélicos que de iluminadores de cine checo, de programas de ordenador o de arte del s. XVII; que te ayuda con la mudanza porque está tan fuerte que es capaz de llevarte él solito la tele grande de un sitio a otro... Compagina sus estudios de Psicología -algo que quizá le haga también muy educado y sensible con las chicas, y muy exigente, demasiado, creo, por eso no tiene novia-, con su adicción a bajarse series de internet.
Paúl es Paúl. No puedo sintetizar. Tiene un físico capaz de parar el tráfico; ha sido modelo muchos años y el cabrón aún percibe royalties de anuncios que grabó hace años. Su superpoder es que está capacitado para “resolver”. Si necesitas arreglar algo, él lo hace. Si llegas a México DF, la ciudad más grande del mundo, o a Los Ángeles y le pones al volante, no te preocupes, él se orienta. Lo malo es que se queda sin pilas aproximadamente a las 21:30h, y se duerme donde estemos. Por eso, cuesta mucho que se anime a salir por la noche. Álex, para joderle, le llama “Abuelo”. Paúl se define muy bien a base de negaciones: no bebe, no fuma, no toma café, no se droga (aunque como va rapado y está tan cachas, todos los polis se creen que es narco), no grita… Si no decimos los demás que queremos comer o beber, él no dice siquiera que tiene hambre o sed. No se queja trabaje en lo que trabaje.… Se diría que es biónico, de puro perfecto, y vela por cada persona como si fuera un padre (lo malo es que te regaña en esos mismos términos). Como lo calcula todo, tiene muy mala leche cuando algo se sale de sus previsiones: desde una tormenta a un vaso que se cae y se rompe, le hacen enfadar. También se nos queda “bloqueado” a veces, como algunos sistemas operativos: parece colgado de la parra, en su mundo; cuando busca algo, por ejemplo, se abstrae tanto que no me oiría aunque le estuviera confesando una infidelidad.
A Jesús (foto durmiendo no disponible, sorry, y hoy aplico el art. 14 C.E., 1978: principio de igualdad, pero relajado, porque está riéndose, el muy cabrón) le conocimos los cuatro en otro viaje que hicimos a Egipto en enero (que es de donde he sacado las fotos). Se ha sumado recientemente, y salvo que tiene un humor contagioso, y que es todo un profesional quemando la noche -eso lo descubrimos en El Cairo cuando salimos de copas-, casi no sé nada de él. Ya lo descubriré... pero sé que encajará: acaba de volver de un festival erótico (un strip parade) en Zurich, en plan escapada de unos días, como si tal cosa... Bienvenido al club, dearest!
Los otros tres, donde incluyo a Fernando, se unen a nosotros allí, pero a dos ni los conozco. Sé que ellos van más por el Mundial de baloncesto que por turistear, y que sueñan con largos masajes con happy ending y con geishas.
Me cuesta creer que en Barajas admitan nuestro embarque sin problemas porque, dado el volumen de nuestros respectivos equipajes y egos, sinceramente, sabed que sobrepasamos el límite de peso con creces…
23/08/06 | Enlace permanente | Comentarios (6) | TrackBack (0)