A Mikel Urmeneta nunca le gustó la Navidad, pero no pudo hacer nada para evitar nacer un 25 de diciembre. En concreto, de 1963. Lo hizo en Pamplona, y de eso parece algo más satisfecho. En medio de una infancia en la que ya iba dejando pistas de posteriores inquietudes, completó la EGB de aquellos tiempos en las Misioneras del Sagrado Corazón y en el colegio Cristo Rey, dos colegios de su ciudad natal en los que no llegó a destacar precisamente por su expediente académico. Menos afortunado fue su paso por los institutos de enseñanza secundaria Ximénez de Rada y Navarro Villoslada. En ambos centros terminó siendo expulsado y empezó a pensar seriamente que quizá su vida debía tomar otros derroteros.
Sin terminar el Bachillerato se decidió a estudiar Decoración –por supuesto, sólo hizo el primer año-, al tiempo que hacía sus primeros trabajos –dibujos o labores de maquetación- para diversas agencias de publicidad de la capital navarra. Los ingresos, y alguna pequeña ayuda en forma de crédito, los fue destinando a otra de sus grandes pasiones, viajar. De hecho, solo o en compañía, fue visitando rincones de los cinco continentes: desde la Isla de Pascua hasta la ciudad japonesa de Yamaguchi, desde la República Dominicana hasta la Polinesia francesa.
Esa insaciable necesidad de moverse y conocer, su carácter abierto y su mentalidad cosmopolita, le llevaron a desarrollar otra de sus aficiones, la fotografía. Sus múltiples viajes, un año de residencia en Australia y cinco más en su amada Nueva York, le permitieron regresar a su tierra natal con un montón de negativos e infinidad de vivencias captadas por su cámara.
Precisamente de uno de esos viajes nació la idea, rocambolesca en su inicio, de crear Kukuxumusu. Corría 1989 y, poco a poco, Mikel había empezado a descubrir cómo quería escribir su futuro; sólo un año después empezaría a comprobarlo el resto del mundo: un cartel suyo fue elegido para anunciar las fiestas de Sanfermin 90, ganó también el de los Festivales de Navarra y, para rematar, venció en el Festival de Jóvenes Artistas (Fotografía) del Ayuntamiento de Pamplona.
Gracias a estos premios y al imparable crecimiento de Kukuxumusu, Urmeneta comenzó a ganarse odios y afectos a partes iguales, al tiempo que continuaban los reconocimientos, como el del Baztandarren Biltzarra de 1991 y el de carteles de la Oficina de Turismo del Gobierno Vasco en 1995. Más recientemente, ha sido autor del logotipo del Mundial de Pelota del año 2002, de los dibujos para un montón de camisetas del Open USA de Tenis, de la Maratón de Nueva York o, repitiendo éxito, del cartel oficial de Sanfermin 2004.
Sin embargo, y a pesar de que su trayectoria individual no tiene desperdicio, su mayor éxito va unido al impronunciable nombre de Kukuxumusu, una empresa que fundó junto a dos amigos en 1989, que cuenta ya con 20 tiendas propias, que dispone de dos páginas web (sanfermin.com y kukuxumusu.com) y que este año, si nadie lo impide, venderá más de un millón de camisetas por todo el mundo.
Superados ya los cuarenta, Urmeneta reparte su tiempo entre su trabajo como director creativo de Kukuxumusu –dibujos y más dibujos- y sus hobbies –fiesta, amigos, viajes, fotografía-, sin que quede muy claro cómo consigue desenvolverse con éxito en todas estas latitudes. Ya sea en la Fábrica de Dibujos o fuera de ella (las temporadas que está en Nueva York), sigue disfrutando de la vida sin preocuparse en exceso por un futuro que, en cualquier caso, él se encargará de diseñar a su gusto.
