La ruta Quetzal

« Un espíritu para una nueva vida | Inicio | Subida al puerto de Reventón »

Camino a Segovia

Rocioynilufar

Rocío Roldán Silva, Cádiz
Nilufar Kesseler, Luxemburgo

Es único el despertar en la fosa de un impresionante castillo y ver amanecer sobre sus muros formados de pequeñas piedras, que le dan un toque mágico a esta fría mañana. Una ducha fresca, mochilas preparadas y cargadas, tiendas recogidas, un pequeño vistazo a objetos perdidos, y un desayuno rápido. Gran vaivén de gente entre los autobuses, pues han cambiado los grupos y siempre queda algo olvidado.

Sobre las nueve menos diez emprendemos el viaje a Segovia, no sin antes parar en Santa María la Real de Nieva, un pueblo típico de la zona en la cual entramos para ver el claustro y su iglesia parroquial. Graciosa construcción, mezcla románica y gótica, edificada en dos fases: la de finales del siglo XIV y principios del XV. En el centro del claustro, un jardín con flores, donde, después de un pequeño revuelo, nos colocamos para escuchar la descripción de este sitio.

Vicente Merinero, especialista que desde hace tiempo se interesa por los capiteles decorados y su estructura, nos explicó un poco sobre aquel lugar en que cada capitel tiene una decoración distinta y el único que se repite es el escudo de Catalina de Lancaster.

La sala capitular tiene unos preciosos arcos románicos; pero lo que más me impresionó fueron los 3 capiteles que estaban decorados con un calendario agrícola. Por cada cara del capitel, un mes y algo que lo representaba. Nos gustó muchísimo aquel sitio porque además de ser el único en el que el calendario agrícola está representado, se puede entender por todas las clases sociales de aquella época. Al salir, volvimos a admirar aquel magnífico pueblo y la gente que vive en él, que nos saludaba alegremente entre sonrisas.

Nos montamos en el bus y, al mirar el anuario, una gran tristeza nos envolvió al ver que sólo quedan 6 días para acabar. Al principio, al recordar lo que pasa hace dos días, se te antojaba que había pasado una semana; sin embargo, lo que pasó hace una semana parece que fue ayer cuando lo hicimos.

Al poco tiempo, llegamos a Segovia. Los autobuses nos dejaron en un camino de tierra en Zamarramala. Al poco llegamos a un jardín lleno de flores de colores y árboles frondosos que daban mucha sombra y se agradecía pasear bajo sus ramas. Los monitores se reunieron con Luna y nos comunicaron que había tiempo libre.

Todos estábamos esperando estas palabras que nos resultaban como el mejor poema escuchado en mucho tiempo. Como es normal, todo el mundo corría hacia las calles principales. La mayoría de los ruteros llamaron a sus casas, y decidme que no es bonito ve como una persona llama a su casa y, al cogerlo, alguien de esa familia suelta dos lágrimas de felicidad. Otros compraron recuerdos en las pocas tiendas abiertas un domingo, o dulces y caramelos para los días de marcha. Cuando nos reunios unas dos horas después en el Acueducto de Segovia, impresionaba ver tantas caras de felicidad y miles de bolsas con artículos de regalos.

Allí mismo no sentamos esperando la recepción de las autoridades. El Teniente de alcalde nos dirigió su entusiasta discurso y Salva, el de los titiriteros, nos contó en romance la historia del Acueducto. Según dice la leyenda, una muchacha del pueblo dijo que vendería su alma al diablo si el río llegaba a la puerta de su casa. Esa misma noche, el diablo se le apareció y aceptó la oferta de la muchacha. Pronto se puso a trabajar y con un esfuerzo inmenso antes del amanecer terminó la tarea; pero, para suerte de la muchacha, aún le quedaba una piedra por poner. Cuando apareció el sol, el diablo se consumió y la muchacha quedó libre del trato. Así es la leyenda del Acueducto de Segovia. La verdadera historia dice, en cambio, que fue construido entre los siglos I y II para llevar agua de los neveros de la Sierra de Guadarrama a Segovia.

Al poco, llegó la comida y no hizo falta preguntar cuando algunos expedicionarios se ofrecieron de ayudantes. Una rica pasta italiana rellena bajo un Acueducto Romano y, después pescado, ensalada y naranja. Al final, la sorpresa: ¡chocolate con churros para todos! En la Fabrica Valor, colaboradora desde hace tiempo de la Ruta Quetzal BBVA, cercana al Acueducto.

Comentarios

Publicar un comentario

Si ya tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor identifícate.

© Prisacom S.A. - Ribera del Sena, S/N - Edificio APOT - Madrid [España]
ELPAIS.es | CadenaSer.com | AS.com | CincoDias.com | los40.com