Concluyendo
Ruta Quetzal BBVA me ha evaluado como ser humano y me ha ayudado a madurar, de ello me enorgullezco con honestidad. Miguel de la Quadra-Salcedo y más de 300 chicos y chicas de 15 a 17 años, de 53 nacionalidades con que convivido 44 días en Guatemala, Belice, México y España han hecho de 2006 mi año. A unas horas de que se me haga entrega de mi diploma de expedicionario en el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid, recuerdo con morriña que he ido a villas inaccesibles e inimaginables en que he admirado lo humilde y lo bohemio, que he hecho “snorkling” en Cayo Caulker y Solyman, y que en su día conseguí coronar el volcán Pacaya y la Mesa de los Tres Reyes, que con 2424 metros de altitud constituye la mayor elevación del Reyno de Navarra; ello me conllevó 11 horas de esfuerzo casi ininterrumpidas, aunque en la cima ví renovar mi alma.
Y ha sido en esas correrías donde he ido adquiriendo ingredientes de incalculable valor con que alimentar mi ser y evolucionar. Aquí he hallado un envidiable equilibrio interior y he desarrollado habilidades que nunca hice germinar. Aquí me he desahogado de aquello que me aquejaba en mi ciudad, y que ahora voy a ir a erradicar. Aquí he aprendido a enfocar el día a día de una forma adecuada y a regirme por una escala de valores en que reinan la solidaridad, la tolerancia y la sensibilidad.
Aunque es cierto que a 18000 kms. De “ma benvolguda València” desfallecí a causa de un muy amargo desarraigo, me refiero a la semana en Guatemala, enseguida me acogieron en la familia de la Ruta, una hermandad que me ha ayudado si una incomodidad me ha afligido en exceso, que me ha consolado sin un aire de melancolía me ha fundido sin querer, que me ha olvidado si un anhelo religioso lo he intuido ensombrecido por el ajetreo que aquí ha de resignarse uno a aguantar, de ello se ha encargado el inigualable Jesús Garrido, que lleva 17 años haciendo de las misas voluntarias entrañables reuniones de personas que viven la fe sin inhibirse y en que resulta imposible no derramar una lagrimilla furtiva, sin duda la emoción sumergida que ha de emerger.
Me llevo conmigo en el corazón a mi grupo 16, el más cachondo y gafe del 2006, y en especial a mis compañeros de tienda, Álvaro y Efraín, a las chicas genuinas del grupo 2 y a aquellas que me han sonreído sin inquirir nada a cambio, Mariana Niski, Laura Domingo, Montserrat Luis…, porque ellas me han vuelto irreversible el corazón, como era una canción de La Oreja de Van Gogh.
A 10 minutos del horrendo abismo que simboliza el cierre de la Ruta me hundo en una espumosa ambigüedad y mi alma se quiebra al querer regresar a mi hogar e igualmente aborrecer que ese sueño no se prolongue hacia el infinito. Y aunque envié un e-mail a mi amiga Darja no sé en qué día ella se decidirá a venir a mi ciudad o yo a ir a la suya, que ni siquiera emplazo con exactitud en un mapa.
Me gustaría llorar, chillar, abrazar… pero no reacciono.
Quiero enviar un último saludo a mi familia y amigos, que me han ido siguiendo por la web a diario y a los que debo la fuerza con que he ido encarando adversidades, mi yaya María habrá rezado una oración por mi bienestar cada una de las noches en que no me veía.
Han sido 44 días inolvidables que supongo voy a valorar aún más con el flujo de los meses, ya que ahora me confieso muy agotado, y que constituyen la experiencia más grandiosa a que un chico o una chica de mi edad pueda aspirar.
Y ya he de ir concluyendo, aunque una crónica así pueda ocupar mil hojas de diario.
Me voy lleno de ansias de reunirme con los míos y narrar un millón de historias, que me he ido deshaciendo de mi aracnofobia, que cogí un inmenso catarro en el valle de Belagua por esperar 90 minutos el camión del agua de la ducha en bañador o que lancé mi mayor carcajada en medio de mi callejeo por la ciudad de Toledo, Ruta Queztal BBVA me ha cambiado mucho: me apellido igual, sigue sin agradarme la bechamel y aún me muerdo las uñas, pero un resorte ha hecho “clic” en mi interior y, así el engranaje de mi ser me ha hecho hilar una sección irrompible en la cuerda de mi vida.
P.D.- A quienes dueden en hacer o no hacer las pruebas de selección para la expedición 2007, yo les recomiendo que luchen y se esfuercen porque la Ruta es algo magnífico en absoluto. “Ay mi alegre quetzalillo, / aquí el reír o llorar / o en frío vivaquear / va amorir en un ratillo.

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