Mañana de recuerdos y recepción
El día con el que culminará esta primera gran etapa de Ruta Quetzal BBVA empezó para los expedicionarios a las 6:00 a.m. Entre la típica rutina de alistarse, se escucha un grito: “Grupo 12, limpieza”. Es Pablo, mi monitor, quien informa de la nueva.Con un lugar tan grande, como es la Academia Militar de Toledo, no es tan reconfortante ser grupo de limpieza, y más si tienes que recoger la basura de debajo de los camarotes de todos los expedicionarios, ya que fácilmente ellos podrían sacar su propia basura.
Luego, limpiar todas las mesas y hacer la tradicional “última batida” donde encuentras objetos perdidos que jamás creerías encontrar: un par de sacos-sábana, un par de zapatillas para nadar y muchas, muchas, botellas de agua. Entre quitarnos la suciedad y correr a los autocares, terminó la fase de preparación para ir a la recepción del Presidente del Gobierno de España.
Al llegar a la Moncloa hicimos algo en lo que somos todos unos expertos: esperar. Entre reubicarnos un poco con las banderas y recibir el sol en las caras, se me vinieron a la mente recuerdos de todo lo vivido en este viaje y que, con los actos que estábamos por realizar, dábamos por terminado.
Recordé los campamentos en Guatemala, el de Belice, los de México y los muchos en España. Entre todas las cosas que se aprenden en la Ruta, están no sólo los grandes valores o las cuestiones académicas sino también los pequeños detalles: aprendes que siempre hay alguien que quiere esa parte de tu comida que tú no y estás dispuesto a cambiar por esa que tú sí quieres. Aprendes que puedes guardar el zumo de la mañana y cambiarlo por una coca en el almuerzo; y luego tus dos cocas cambiarlas y así tener tus tan anheladas 3 raciones de pan, como hizo un amigo hace un par de días.
También aprendes a disfrutar de un rato en plena selva de Tikal a las 2:00 a.m. cosiendo con una aguja la puerta principal de la tienda con un puertorriqueño de 2 metros, mientras un gaditano cuenta leyendas, ayudándote. Ser trata de una avería que, junto a otro juego completo de unas 7 averías más, califican a tu tienda como “la peor de todas”. Aprendes también que el aspecto externo no es lo que importa sino la esencia. Bueno, eso lo aprendes un poco a la fuerza, luego de 2 semanas rogando por ropa que, aunque no esté limpia. que esté al menos seca.
Aprendes que hay amigos que están contigo sólo en las buenas, que hay otros que sólo en las malas, y que ninguno de ellos es un verdadero amigo. Hay otros, en cambio, que están contigo siempre, y que esos sí son verdaderos amigos y perdurarán toda la vida.
En la Ruta te das cuenta que, alrededor del mundo, hay mucha gente como tú, que piensa similar, que tiene ideales afines a los tuyos, que vibra al mismo ritmo tuyo y que a ellos los tienes ahora mismo cerca; pero que, en cuestión de horas, estarán al cien por cien volando a sus países y es entonces donde empieza la más grande etapa de la Ruta Quetzal BBVA: hacer que esas amistades, que no serán 100, pero serán algunas, perduren; lograr que algún día luego de encuentros, cartas, correos electrónicos, llamadas, chats; que esas ideas, por las cuales ahora te ilusionas y que sueñas alcanzar se materialicen, gracias al apoyo de quienes ahora no somos más que unos expedicionarios soñadores y con mucho espíritu aventurero.
En fin, te das cuenta de lo que bien dijo mi monitor: “El viaje acaba, pero la Ruta continúa”. Y con esas ideas y pensamientos dando vueltas por mi mente y por las de mis amigos, aparece de entre la gente el Presidente José Luís Rodríguez Zapatero. Nos tomamos una foto todos y, enseguida, la avalancha para ver si se conseguía una foto o un autógrafo. Mañana de recuerdos y recepción cumplida.

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