La ruta Quetzal

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Una nueva vida

Lincon

Lincoln Santos, Brasil

Estábamos reunidos esta tarde enfrente de la sede del Canal de Isabel II en El Paular para algunas fotos oficiales. Y, al finalizar, todos al unísono gritaban: “¡Hay que hablar, U-ru-guay, no se va!” Sus boletos fueron comprados para el día 28 de julio. Pude observar esta tarde la unión que hay entre nosotros y considero que es una de las cosas más bonitas que me deja la Ruta.

Creamos una especie de hermandad, que no se encuentra en cualquier sitio. Es parecida a la de nuestra casa; pero, a diferencia, allí tenemos diversos horarios, actividades diarias, y no estamos todo el día juntos. Aquí, mes y medio todos los días despertamos juntos, comemos juntos, estudiamos juntos; de tal manera que se da una homogeneidad de pensamientos, objetivos y quién sabe si se podía decir lo mismo de nuestros sueños y metas.

Al mismo tiempo que nuestros pensamientos, curiosidades e incertidumbres similares, somos totalmente diferentes: 52 países, tradiciones, costumbres, idiomas y un montón de factores diversos. Pero todas esas diferencias no son un impedimento; al contrario, a través de ello podemos demostrar que al vivir en un mismo mundo, podemos ser todos amigos.

Si bien es cierto, que de cosas pequeñas salen grandes logros y que también que las cosas sencillas para algunos, son grandes para otros. Comento esto ya que para la mayoría de los expedicionarios, hablar y escribir en español no es ningún problema. Pero para mi está siendo uno de los mayores desafíos de mi vida. Hace poco más de tres meses que estoy estudiando este idioma que hablan perfectamente casi todos; pero no existe nada que yo no pueda superar, con la ayuda de tantos profesores compañeros que tengo aquí.

En esta expedición, he aprendido que, cuando no tenemos algo es cuando aprendemos precisamente a darle valor. Por ejemplo, una gorra con el nombre Brasil estampada en la frente era algo que yo no le daba ningún valor; pero resultaba la cosa más atractiva para un chico de la calle que me molestaba todos los días en mi estadía en Guatemala. Así también por ejemplo el español de mis amigos ruteros es una de las cosas que yo más envidiaba, aunque para ellos era simplemente el idioma de su nación.

Estar, pues, en la Ruta Quetzal BBVA nos hace valorizar cosas que tenemos y muchas veces no percibimos: cosas como padre, madre, hermanos, amigos, cama, ropa limpia, nos hace ver el mundo desde otro punto de vista, aceptando a las personas tal como son. La convivencia en tiendas y en grupo nos hacen más responsables, cumpliendo horarios y reglas.

Un ejemplo. Un águila, cada 40 años, tiene que pasar por un proceso muy doloroso de renovación para que pueda vivir otros próximos 40 años más. Dicho proceso consiste en entrar a una caverna en una montaña alta. Necesita entonces arrancarse pluma por pluma, con su propio pico; después, garra por garra y luego comienza a golpear bien fuerte su pico contra la pared para que se le caiga y pueda mudarlo. Luego de soportar todos estos dolores, se queda 6 meses más en la caverna, mientras le nace su nuevo plumaje, pico y garras. Al completarse el proceso, sale de la caverna para un nuevo vuelo, un vuelo de esperanza para vivir sus próximos años mucho mejor; pero, si decide no hacer su proceso en la cueva, morirá vieja, fea y triste.

En la vida necesitamos hacer cambios como el del águila. En comparación con la Ruta, el comienzo es como esa caverna, fría y triste para algunos, arrancando malas costumbres, añoranzas, inmadurez, para así aceptar algunas cosas y personas. Pero, al llegar al fin de la Ruta, te das cuenta que comienzas a ser nueva persona, por los cambios que hemos logrado.

Espero que, al terminar los 45 días, podamos demostrar el nuevo vuelo que hemos comenzado para que nuestra familia, amigos y conocidos, observen el conocimiento adquirido en las conferencias y el comportamiento en las visitas y todas las experiencias vividas.

Estoy contento y agradecido por lo que viví y aprendí, por mi monitor, por mi grupo 17 y por los amigos que adquirí en ese tiempo. Sé que todos no piensan las mismas cosas que yo sobre la Ruta, pero espero que termine con mucho éxito y deseando que los uruguayos puedan quedarse hasta el final. Y es que ahora los ruteros forman parte de una gran familia, llegando a casa alegres y felices, cambiados, y tratando de ser mejores siempre.

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