Valladolid y Cristobal Colón
Hoy sí que tiene sentido la frase con que Luna nos despierta. El día esperado. Hoy llegamos a mi ciudad. Visitar con la Ruta Valladolid es lo mejor que me ha podido pasar en mucho tiempo. Además, me toca ser el guía de toda la Ruta.
La salida, a las 8:00 de la mañana desde el Complejo Castilla de Palencia: una especie de Albergue Juvenil con instalaciones deportivas muy buenas, en el que nos dieron una magnífica bienvenida con música y una proyección de una película.
Comencé a sentir buenas vibraciones cuando tuve que ayudar al conductor del autobús hasta la sede de la Junta de Castilla y León, en donde nos recibió el Presidente, Juan Vicente Herrera. El hombre estuvo muy amable con todos nosotros, sobre todo con los castellano-leoneses, a los que nos regaló una bandera firmada con su autógrafo.
Pero sólo era el comienzo. Desde allí, todos los expedicionarios nos dirigimos hacia el Campo Grande. Desde que lo vi, sentí la necesidad de bajar y pisar sus caminos y jardines. Allí mismo vería también a mi familia: mis padres, mi hermano y tres de mis mejores amigos. La alegría que sientes en ese instante compensa el tiempo que has estado sin tus seres queridos. Hay veces en la Ruta Quetzal BBVA que necesitas un poco de intimidad y es allí donde te acuerdas de ellos.
Los sentimientos son muy variados. El primero que tienes lógicamente es de alegría, alegría inmensa porque no los ves desde hace 40 días, pasando entonces malos ratos de bajón, de tristeza y de añoranza; pero, al verlos, todo se te olvida y sólo piensas en que no hay otro lugar en el mundo donde te puedas encontrar más a gusto.
Otro de los sentimientos es la ilusión de poder contar a tus amigos, mientras comes, la cantidad de cosas importantes que te han ido ocurriendo a lo largo del viaje. Comentas entonces las maravillosas experiencias vividas con todos los compañeros expedicionarios de 52 países. Además, decirles que he aprendido a respetar a las demás culturas y a no menospreciar a nadie, de lo cual me siento muy orgulloso.
El último sentimiento es valorar entonces mucho más todo lo que tengo y no quejarme nunca más de tonterías porque hay gente en el mundo que se lo pasa peor que yo y me doy cuenta de que yo vivo en un palacio con pensión completa y un lujo al máximo. Finalmente, gracias a la Ruta, he aprendido a no infravalorar nada de lo que tengo, incluyendo a mi familia.
Tras el almuerzo, empezó la parte histórica e interesante de nuestro paso por Valladolid. Me doy cuenta de que, gracias a la figura de Cristóbal Colón yo estoy aquí. La razón es que mi trabajo trató sobre los viajes de los restos del Descubridor, un tema que no parece muy interesante, pero en verdad sí que lo es. Prueba de ello ahí está el hecho de que este año es el V Centenario de su muerte, 20 de Mayo de 1506.
Colón tuvo mucho protagonismo en la historia, gracias a sus grandes descubrimientos. Fue un tipo aventurero hasta el final y no hay muchos que lo conozcan en profundidad. En fin, que la fecha de hoy, 21 de julio de 2006 en la ciudad de Valladolid, la Ruta Quetzal aprendió, visitó, disfrutó con la figura del Almirante; pero lo mío no tiene comparación: Yo soy parte de esa historia, yo soy vallisoletano.

Comentarios