Ana Bonilla Pérez, Palma de Mallorca
En el día de hoy ya está más que confirmado: somos una gran familia. Tal vez se hayan hartado de oír esto; pero somos un conjunto de amigos tal que parece que nos conociéramos incluso desde antes de nacer. Personalmente me parece algo increíble: la confianza, la amistad, la sinceridad, pero es cierto.
Esta mañana nos hemos despertado temprano, por no variar las costumbres. Debíamos recoger las tiendas nuestras cosas, ya que nos íbamos del campamento del Canal de Isabel II, probablemente para no volver nunca; aunque la mayoría no haya pensado en eso, al igual que paso y pasará con otros muchos lugares, cabe recordar que, aunque lo pretendamos, jamás se volverá a repetir ningún día, ningún minuto. Es, fue y será único y hay que aprovecharlo. Esta mañana debíamos hacer algo importante y deseado desde que lo supimos: la Recepción Real.
Lo más normal sería pensar que todos, esta mañana, estábamos nerviosos, ansiosos e ilusionados; pero, sin embargo, siento romper muchas previsiones alegando que el sueño hoy, más que muchos otros días, lo ha podido todo. El agua era algo insuficiente para despertarnos, parecíamos verdaderas almas en pena. La causa era simple: el cansancio acumulado de varios días, más las emociones de estos últimos, todo junto hizo que, a la hora de bajar del autobús, nuestro mayor deseo consistiera en dormir, permanecer en este estado por siempre. Mas, cuando los respectivos monitores despertaron a sus grupos, supimos que dicha posibilidad era imposible.